El Obispo de Nancy, Mons. Charles Auguste Marie de
Forbin-Janson, para dar un cariz misionero a la devoción al Niño
Jesús, desarrolla un movimiento de niños cristianos para
la ayuda y la salvación de los niños paganos. Nace así,
el 19 de mayo de 1843 la Asociación de la Santa Infancia, a la
que Pío XI declarará "Obra Pontificia" en el
año 1922.
La figura del niño ha tenido siempre una influencia
irresistible e irreprimible sobre el corazón de todos: su sencillez,
belleza y vitalidad sin freno es como un reflejo de la vida de Dios.
También Jesucristo que, con su nacimiento en el pesebre de Belén
y su infancia en Egipto y en Nazaret había experimentado este
estado de beatitud amorosa, ha tenido predilección de modo particular
por los niños: "Dejad que los niños venga a mí
y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos
es el Reino de Dios" (Lc 18,16)
Lo principal de esta Obra es el papel particular que
los "pequeños" tienen ante el anuncio del Reino. Los
niños, de hecho, son particularmente habilitados a acogerlo y
a vivir su riqueza de belleza, de alegría y de amor. En el léxico
cristiano, además, la "pequeñez" se impone como
categoría espiritual fascinante que refleja la santidad de Dios.
La devoción al Niño Jesús, es sentida como un abandono
obediente del hombre a la voluntad del Padre, y es clasificada en los
estados de vida como "infancia espiritual"
La fuerte tensión misionera de este gran Obispo
encontró su salida en la devoción al Niño Jesús,
devoción que procuraba difundir. Recordando las atrocidades que
se cometían contra los niños, especialmente en el mundo
pagano de la época, Mons. de Forbin-Janson dio a esta devoción
un planteamiento misionero. De hecho, el mismo nombre "Santa Infancia"
expresa la voluntad de poner la Asociación bajo la protección
del Niño Jesús. Desde hacía tiempo, muchas personas
y grupos se inspiraban en este espíritu, pero la fecha que oficialmente
señala el inicio de la Obra de la Santa Infancia es el 19 de
mayo de 1843.
La intuición de Mons. de Forbin-Janson fue la
de crear un movimiento de niños cristianos para ayudar a
los niños paganos a encontrar al Señor y a salvarles de
la muerte. Su finalidad era la de salvarles sobre todo a través
del bautismo y educarles cristianamente: todo esto debía ser
el fruto de una caridad apostólica y solidaria, es decir, un
espíritu geninamente misionero, y no sólo una acción
social...
La Obra encontró el favor general de las personas
y de las instituciones más empeñadas en la educación
de los niños. Conoció así un desarrollo muy rápido
en Europa y en América del Norte, y en su consolidación
pudo aprovechar la ayuda de la Iglesia y del favor del papa León
XIII, que la promovió con la encíclica Sancta Dei
Civitas (3 de diciembre de 1880). El día 3 de mayo de 1922,
Pío XI le concedió el título de "Pontificia"
(POSI).