El carácter carismático y significativamente
laical de las OMP se pone claramente de manifiesto en la fundación
de la Obra de San Pedro Apóstol. De hecho, el nacimiento
de esta Obra tiene lugar en Francia, tras la sugerencia del Vicario
Apostólico de Nagasaki, Mons. Cousin, de las Missions Êtrangères
de Paris (MEP), plenamente convencido de la necesidad de un Clero
local, es decir, de sacerdotes que en aquél tiempo eran
conocidos con el nombre de "Sacerdotes indígenas".
Por eso esta Obra se interesa de modo particular de una de las
necesidades más urgentes para el progreso de la evangelización:
la educación y la formación del Clero local a través
de la construcción y el mantenimiento de los seminarios
en los Países de Misión.
Para la realización de su proyecto, tener en Japón
un seminario para la adecuada formación espiritual y teológica
de los sacerdotes japones, Mons. Cousin se dirige a la señorita
Jeanne Bigard. Nacida en Normandía de una familia pudiente,
en el año 1859, Jeanne adquiere de la madre Stephanie un
vivo interés por la vida espiritual, y se desarrolla en
ella, como consecuencia, un fuerte sentimiento por las necesidades
de los obreros del Evangelio y, de modo especial, por los sacerdotes
de las misiones. A pesar de su timidez y de su frágil salud,
se empeña hasta el fondo en esta ideal que se ha convertido
en la finalidad de toda su vida. Para ello, recorrerá todas
las diócesis de Francia e irá también al
extranjero, llegando incluso a Roma.
Despúes de haber dado una consistente ayuda económica
para la construcción de la Iglesia de San Francisco Javier
en Kyoto, a la muerte de su padre, Jeanne vende todo y se retira
con la madre a vivir en dos míseras habitaciones para poder
destinar sus bienes a las Misiones. Mantiene una abundante correspondencia
epistolar con los misioneros para su saminario japonés.
La fecha oficial de la Fundación de la Obra de San Pedro
Apóstol es el año 1889 en Caen, en Francia. En 1901
se traslada la sede a París, y después a Friburgo
en Suiza, para facilitar su reconocimiento civil y una administración
de los fondos más libre: en 1920 se traslada a Roma. León
XIII, con la Carta Encíclica Ad estremas Orientis, recomienda
la Obra a toda la Cristiandad, y el 3 de mayo de 1922, Pío
XI declara la Obra de San Pedro Apóstol "Pontificia",
junto con las dos precedentes.
El sentido de su Obra se puede encontrar en las palabras de San
Pablo: ¿Cómo creerán en aquel a quien no
han oído? ¿Cómo oirán sin que se les
predique? (Rm10,14-15) El incremento del clero indígena
encuentra también su justificación y necesidad en
las palabras mismas de Jesús: "Como el Padre me envió,
también yo os envío" (Jn 20,21). De hecho,
la transmisión del Evangelio, además que en la necesidad
de Obreros del Evangelio, se debe basar también en la cultura,
la religión, la vida y la organización social de
cada pueblo. Todo esto lo conocen mejor los hijos de este pueblo,
el Clero indígena en sus Iglesias Locales.
|
- Recomendación insistente para la Formación y la
Educación de los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas locales.
- Contribucción con la oración y la ayuda económica
al crecimiento del Clero indígena y de las Comunidades
Religiosas locales.
- Atención particular para la formación misionera
de la juventud, con el objetivo de aumentar el número de
las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, especialmente
en las misiones.
- Mayor implicación de todo el laicado católico,
no sólo con la aportación de ayudas, sino también
mediante un compromiso personal de actividad misionera.
|