La señorita Pauline Marie Jaricot inicia en 1818 la
Asociación de la Propagación de la Fe, reconocida
oficialmente el 3 de mayo de 1822. Paulina es "la fundadora
de la mayor agencia de ayuda a las misiones en toda la historia
de la Iglesia Católica: la Asociación de la Progagación
de la Fe", que se convirtió después en la
Obra de la Propagación de la Fe y que distinguida por
Pío XI con el título de "Pontificia"
en el año 1922.
La Iglesia de Francia, renacida de la persecución de
la Revolución Francesa, sufría todavía
bajo la opresión rastrera del poder estatal y se dividía
a causa de las doctrinas ambiguas de la herejía Galicana.
Durante el reino de Napoleón (1804-1815), las gloriosas
Missions Étrangêres de París (MEP)
no pudieron enviar al Extremo Oriente sino dos misioneros solamente.
En estas circunstancias el carisma del Espíritu se fijó
en una joven mujer de Lyón, Pauline Marie Jaricot, nacida
en una familia acomodada el día 22 de julio de 1799.
Pauline disfrutad de una infancia feliz, con todas las comodidades
de una familia enriquecida desde la incipiente revolución
industrial. Durante la adolescencia, disfruta de su abundancia
de dinero, se gloría de su belleza, de sus joyas y de
sus vestidos, que la convierten en la estrella de los encuentros
mundanos. A los 17 años, una predicación de su
párroco la conmueve, y Pauline comprende lo efímero
de su existencia y la nulidad de sus aspiraciones:!una decepcionante
e infinita vanidad que abandona de una vez para siempre!
La noche de navidad de 1816 Pauline hace voto de castidad,
y descubre las motivaciones de su vida en el devoción
a la Santísima Eucaristía y en la reparación
a las ofensas causadas al Sagrado Corazón de Jesús,
insultado también por los excesos de la pasada Revolución.
A su alrededor las muchachas trabajadoras de las fábricas
de su padres se reúnen en una Asociación Espiritual,
llamada sencillamente de las "Reparadoras". En el
año 1818, en la línea sugerida por un librito
de las MEP, este grupo asume también la dimensión
de la oración y de la animación misionera, con
la oferta semanal facultativa de un ´céntimo´,
"con el fin de cooperar a la expansión del Evangelio".
En su mente toma forma el modo más simple y eficaz para
orar y ayudar a los misioneros: los que oran juntos en favor
de las Misiones, también juntos las ayudan. Nace así
una acción de grupo con diez personas, cada una de las
cuales se compromete a encontrar otras diez personas que oran
y dan semanalmente un ´céntimo´ para las
Misiones. La idea inflama los corazones, y el proyecto se extiende
como mancha de aceite: el 20 de octubre de 1820 son ya más
de 500 los inscritos a lo que se llamará Asociación
de la Propagación de la Fe, que tiene su fundación
oficial el día 3 de mayo de 1822. En el año 1826
la Obra se extiende en Europa, inicia sus Annales, que reproducen
las cartas de los misioneros, y mantiene estrecha relaciones
con la Congregación de Propaganda Fide. Como confirmación
de su espíritu misionero y del servicio a la Iglesia
Universal, el 3 de mayo de 1922, Pío XI, con el Motu
Proprio Romanorum Pontificum, declara "Pontificia"
la Obra de la Propagación de la Fe (POPF).
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Mantener en la Iglesia el Espíritu
de Pentecostés que ha abierto a los Apóstoles
los confines del mundo y les ha hecho "misioneros"
(enviados): el espíritu ´católico´,
es decir universal, se atiene a la naturaleza misma de la Iglesia.
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Vivir en comunión con Cristo, en su
Iglesia, la misión redentora universal como el fundamento
de una corresponsabilidad apostólica: "Como el Padre
me envió, también yo os envío" (Jn
20,21).
- Participar en el anuncio del Evangelio con el ejmplo de la propia
vida y con la contribución de las propias potencialidades
humanas, profesionales y productivas, contribuyendo también
con sus ofertas económicas.
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Resumiendo: La Obra Misional Pontificia de
la Propagación de la Fe tiene como finalidad formar una
conciencia católica en los fieles, capaz de conjugar
una plena docilidad al Espíritu con el afán apostólico
abierto a todo el mundo. Coopera también a la preparación
de específicos animadores misioneros que trabajen en
las Iglesias particulares, en orden a una adecuada participación
de éstas en la misión universal. Prestará
una atención particular a la formación misionera
de los jóvenes así como a la dimensión
misionera de la familia. Entre sus frutos más valiosos
se encuentra la creación de la Jornada Mundial de las
Misiones, propuesta por la Sagrada Congregación de Ritos
el 14 de abril de 1926 y fijada para el penúltimo domingo
del mes de octubre.
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Reconocida por la Iglesia para el servicio
de la Misión, la POPF no sólo tiene la clasificación
de "Pontificia", sino también la de "Episcopal".
La Obra es parte de la Iglesia Universal que coordina la actividad
misionera en todo el mundo, pero también es parte de
la Iglesia Local que tiene el derecho-deber de hacer "discípulos
a todas las gentes" (Mt 28,19). De hecho, para todas las
Obras Misionales Pontificias es profundamente verdad que: "aunque
son las Obras del Papa, lo son también del entero Episcopado
y de todo el Pueblo de Dios" (Pablo VI, JMM 1968).
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